martes, 29 de junio de 2010

¿Qué tiene México que año tras año expulsa a miles de ciudadanos?

Ximena Sánchez indaga el pasado del país y le inventa una ficción con tres personajes que viven el autoexilio

En la nueva novela de la escritora Ximena Sánchez Echenique hay tres hombres de distinto nivel social y educativo; tres historias de mexicanos expulsados de su patria. Los protagonistas de esta ficción que se desarrolla en una nación llamada Nueva República, son seres en busca de un sueño que aunque ficticio, pueda llenar las expectativas que no les satisface este país que los arroja, con su pasado, al Otro Lado o al Viejo Mundo.

Y es que los tres personajes: el ex presidente Porfirio Díaz, el estudiante Alfredo Palacios y el trabajador zapoteco Benigno Silva, son arquetipos de este México del siglo XXI que arroja a sus habitantes porque no puede darles lo que necesitan. Provienen de varios niveles, pero el contexto del país es el mismo para todos los personajes.

“En esta novela quise rastrear uno de los orígenes históricos del autoexilio del mexicano; por eso elegí al ex presidente que decide autoexiliarse de la Nueva República, un lugar ficticio donde los tres personajes viven circunstancias similares. Las tres historias de la novela están escritas en el mismo tiempo, sólo el lector que cuenta con los elementos para decodificar este giro histórico sabe que son tres tiempos distintos”, comenta la narradora.

El México de los expulsados

La pregunta que detonó Por cielo, mar y tierra es profunda: ¿qué tiene México que expulsa, año con año, a miles de sus ciudadanos? A partir de ella, la autora quiso rastrear en el pasado de México inventándo una ficción y creando a tres personajes que como muchos en la actualidad, viven el presente, pero se comportan como fantasmas o autómatas y en los que toda su conducta está determinada por su historia y su pasado.

Eso le confirma a la escritora que los personajes viven atrapados y no evolucionan. “En ese sentido son personajes que se parecen a los objetos. En eso son muy similares, aunque Alfredo como Benigno creen que son libres y creen que están escribiendo su propia historia con libertad, pero en realidad es como si estuvieran siguiendo un guión preestablecido, como cuando leemos la historia de un personaje que ya murió”.

Tras recorrer desde la ficción los avatares de un México que en su novela se llama Nueva República, Ximena Sánchez confirma que en el principio del siglo XX están los orígenes del autoexilio de una parte de la sociedad mexicana, que no es cualquier grupo sino una parte muy importante que está en la sombra.

“Comenzamos a pensar en dejar este país cuando no podemos cambiar la realidad, cuando nos topamos con la realidad como si nos topáramos con un muro, cuando tenemos una fuerza de superación, deseos y sueños que no podemos realizar aquí en México”, comenta.

Una historia masculina

La escritora quiso que los tres personajes fueran hombres porque quería demostrar que las mujeres están pero no están. “Es una crítica a la vida política de este país, en el que las mujeres han sido personajes secundarios, nunca ha habido una mujer presidenta en México, son las mujeres las que les dicen a sus hombres ‘quédate puedes hacerlo bien aquí’, pero ellos no las escuchan; el padre no escucha a su hija, el estudiante no escucha a su novia, el presidente lleva a las mujeres de su familia en su autoexilio pero lo hace como si llevara baules, son objetos”, dice Sánchez Echenique.

Sin embargo, a los tres hombres los dota de fortaleza para cambiar sus destinos y les demuestra que son ignorantes de la fuerza que poseen. Por eso está el presidente que la gente piensa como la persona más poderosa de un país y por eso están los otros dos personajes que no saben que pueden ser también muy poderosos, siempre y cuando lo sepan.

“Para que se den cuenta de esa fuerza necesitan un viaje hacia adentro de sí mismos; ellos emprenden un viaje físico que los llevará a un viaje al interior. Ahí se darán cuenta que los tres pueden ser tan importantes en la historia de su familia y en la historia de su país, como un ex presidente”, señala la también autora de El ombligo del dragón.

Si al ex presidente lo expulsa a bordo del Ypiranga, al estudiante Alfredo Palacio lo echa en búsqueda de un futuro mejor a través de la educación, él quiere irse de la Nueva República porque fuera de ella se puede aspirar a una mejor vida, lejos de los lastres familiares, el tráfico, los baches y la inseguridad. El tercer protagonista es Benigno, un zapoteco que es portero de un edificio en la Condesa y músico para completar lo del día.


Consciente, la narradora hace una crítica a esa inconsciencia de los mexicanos. Una inconsciencia de su propio poder de cambiar la realidad que se traduce en un evadirse de su propia historia y querer a toda costa evitar el destino trágico de sus familias. Se autoexilian en búsqueda de lo que la autora llama un deseo ficticio porque son deseos basados en un sueño que la sociedad entrega como si esa fuera la meta de la vida.

“El objetivo es que el lector se de cuenta de que la realidad es una ficción que él genera y que la literatura es generadora de mundos. Es una reflexión en torno al poder creativo. Quería llevar a los personajes a un desenlace feliz, pero los personajes igual que la realidad van marcando pautas, por eso en la novela tomo una cita de Shakespeare que dice que hay un momento en el que todos somos libres de tomar una elección, pero luego de eso uno es víctima del destino”, comenta.

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