lunes, 21 de septiembre de 2009

Brown vuelve a descifrar todos los códigos en "El símbolo perdido"


Aunque esta vez no toque temas tan controvertidos como el presunto matrimonio entre Jesús y María Magdalena, el libro ofrece entretenimiento y suspenso, por el momento sólo en inglés, ya que la traducción al español no llegará hasta el 29 de octubre.


Cualquiera pensaría que un profesor de Harvard que muele a mano por la mañana sus propios granos de café traídos de Sumatra tiene una vida tranquila, pero no si es un personaje de Dan Brown.
En su nueva novela, "The Lost Symbol" (El símbolo perdido), el autor de bestsellers envía a su héroe de los anteriores "El código Da Vinci" (2003) y "Ángeles y demonios" (2000) de nuevo a una aventura contra el reloj que deja sin aliento.
Aunque esta vez no toque temas tan controvertidos como el presunto matrimonio entre Jesús y María Magdalena, el libro ofrece entretenimiento y suspenso, por el momento sólo en inglés, ya que la traducción al español no llegará hasta el 29 de octubre.
Pese a ello, la versión en inglés ya conquistó los primeros puestos de venta -y de piratería- en diversos países, y en Estados Unidos se vendieron el primer día más de un millón de ejemplares, con diferencia la mejor cifra de partida después de Harry Potter.
"Con demasiados autores populares se producen después de grandes hitos enormes decepciones", temía en "New York Times" en su primera crítica del libro de 500 páginas, cuyo contenido fue mantenido en el más estricto secreto. "Con Dan Brown eso no ocurre. Él vuelve a hacer atractivo un género considerado muerto".
Esta vez el autor no envía a su héroe Robert Langdon a París, Londres o Roma, sino a Washington, el centro del poder. Atraído al Capitolio con una excusa, el investigador de símbolos hace allí un hallazgo macabro: la mano cortada de su amigo de muchos años y mentor Peter Solomon. Un dedo, tatuado de forma misteriosa, señala hacia un cuadro del primer presidente estadounidense y masón George Washington. Y Langdon deduce de inmediato que hay una relación misteriosa.
El científico tiene sólo 12 horas para descubrir la conspiración, pues el hombre que secuestró y mutiló a su amigo quiere su ayuda para descifrar el antiguo código secreto de los masones, que promete poder y transformación. De lo contrario causará "una catástrofe de la que el país no se recuperará".
De forma ya habitual, Langdon se ve arrastrado a un remolino cada vez mayor de aventuras y misterios: descifra acertijos, analiza cuadros, descubre viejas historias, a la vez que lucha con y contra el enorme aparato de la CIA.
Por suerte, vuelve a contar a su lado con una atractiva y audaz mujer, Katherine, la hermana de su millonario mentor.
La novela sigue el patrón de los libros de Brown. También aparece el malvado repugnante y masoquista, que esta vez no es el monje albino Silar, sino un psicópata cubierto de tatuajes y castrado que se hace llamar Malakh, ángel en hebreo. "Soy una maravilla", afirma sobre sí mismo frente al espejo. "Si supieran de mi poder".
Pero pese a los elementos conocidos, un estilo desenfadado que a veces molesta y la introducción cada tanto de conocimiento enciclopédico, el libro consigue atrapar. Cuando Langdon se lanza con Katherine a la caza por el Capitolio, la biblioteca del Congreso, el jardín botánico y otras atracciones de Washington, no es posible dejar de leer.
La oficina de turismo de la ciudad reconoció ya la mina de oro y creó una página para visitantes que quieran seguir las aventuras de Dan Brown. Los fans sólo podrán estar divididos acerca del largo final. Es sorprendente porque no sorprende, opinó el "New York Times".
Un dato curioso: mediante una digresión, el autor se disculpa apenas empezar de forma indirecta por la polémica que causó hace seis años con "El código Da Vinci".
"Mis conocidos han leído su libro sobre lo 'Sagrado Femenino' y la Iglesia", le dice una joven recepcionista a Langdon. "¡Sí que causó escándalo! ¿Le gusta revolver el avispero?". "Esa nunca fue mi intención", le responde Langdon, a todas luces a nombre de Brown. Nueva York, EU

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